«Entre las Órdenes mendicantes, la sagrada Orden de ermitaños de san Agustín ha sido y continúa siendo fecundada, en el campo de la Iglesia católica, por gracia de Dios, con semillas de virtud, plantas de observancia, flores de sabiduría y frutos exuberantes de santidad en sus religiosos […] Lo que se puede saber de las personas virtuosas no es nada en comparación con lo que Dios obra escondidamente en ellas […] Hay muchos que no hacen milagros, pero no son inferiores a los que los hacen» (Jordán de Sajonia, Vitasfratrum, prólogo).

Hoy, cumpleaños de san Agustín, celebramos en una sola fiesta, junto a los santos y beatos de las tres Órdenes agustinianas reconocidas por la Iglesia, a todos los religiosos y religiosas justos, de toda lengua, raza y nación, cuyos nombres están escritos en el libro de la vida (cf. Ap 7, 9; 20, 12).

Es una acción de gracias a Dios por los dones de santidad que copiosamente ha derramado en la historia de nuestras Órdenes, y una invitación a seguir las huellas de tantos hermanos y hermanas que han tomado en serio el Evangelio y su consagración al Señor.