El día que nos dijimos ‘sí’

La celebración del matrimonio es un momento especial e importante para cualquier pareja. Isabel Gaarcía y Javier Guzmán, miembros de las JAR, lo hicieron en junio de 2018. En este artículo cuenta su experiencia

El día que Javier y yo nos dijimos “SI” fue uno de los momentos más felices de nuestras vidas y así lo pasamos por nuestro corazón día tras día, para alimentar nuestro matrimonio desde la sencillez y la humildad.

Ese “SI” no era una expresión de conformismo o de simple aceptación. ¡Para nada!

Ese “SI” está (y digo “está” porque siempre permanece vivo) repleto de convicciones, sueños y deseos compartidos; constructores de una vida comunitaria llena de unión y de un infinito amor.

Resulta tan sumamente difícil poner palabras a los sentimientos que brotan de lo más profundo de nuestro ser…porque todos sabemos que existe el amor de pareja, pero cuando lo encuentras por “Diosalidad” eres consciente de su valor incalculable.

El matrimonio cristiano no es un mero trámite burocrático que, llegada la edad, hay que cumplir por aquello del qué dirán. No; el matrimonio cristiano es ser capaz de ofrecer a Dios ese amor que despierta en nosotros la persona con la que deseas compartirlo todo y poder formar una familia, para que siempre nos cuide y nos acompañe, llevando nuestra fe y principios cristianos por donde quiera que vayamos.

En eso consiste el verdadero matrimonio cristiano, en hacer partícipe a Dios de tan hermosa unión y amor. ¿Puede haber algo más bonito que eso?

Quizás para muchas personas el matrimonio hoy en día no es necesario.

A diario escucho frases del tipo: “¿Casarnos? ¿Y para qué? Ya sabe que le quiero”; “Eso ya no se lleva, estamos en otros tiempos”; “Ya vivimos juntos, no necesitamos ningunos papeles que nos digan que estamos casados” y como éstas frases, muchas otras.

Cuando escucho este tipo de respuestas una enorme tristeza inunda todo mi ser. ¿Qué nos está pasando? ¿Por qué se esta perdiendo el verdadero significado del matrimonio cristiano?

Mucho antes de mi “SI” (muchísimo antes), yo ya sabía que amaba a Javier con todo mi ser. Mi familia, mis amigos, las personas que nos conocen…todos sabían (y saben) de mi gran amor hacia él. ¿Y? ¿Eso justifica el que no exista un matrimonio? Todos lo sabían y él el primero, claro está. De la misma forma, todos sabían (y saben) lo mucho que él me amaba/ama y así yo lo sentía y siento.

Sin embargo, ese “saber” no era sustitutivo de ese paso tan hermoso que dos personas que se aman deciden dar unidas. Al contrario, ese saber es un complemento que impulsa a dar ese paso juntos, a decir “SI” a toda una vida, donde evidentemente se sucederán momentos bonitos, difíciles, tristes…pero siempre unidos.

Dios en nuestra vida es esencial, no es un mero trámite, ni un simple papel, ni un evento sin más…Si pensáramos así, nuestra fe estaría sufriendo de un vacío extremo.

Dios para nosotros es el Camino, la Verdad y la Vida.

Es el Camino en el que día tras día damos pequeños pasos comunitarios que nos llevan a diferentes experiencias de vida; es la Verdad que nos lleva a amarnos desde la autenticidad y la transparencia; y es la Vida que nos impulsa a formar una familia cristiana fruto de este inmenso amor.

Hoy ya han pasado 9 meses desde ese “bendito SI” y no podemos estar más feliz por ese paso que dimos.

En Diciembre quisimos dar un paso más y decidimos presentarnos en Roma, vestidos de novios, para que el Papa Francisco pudiera bendecir nuestro matrimonio. Si, así de “locos” estamos los dos.

Nuestro querido amigo Agustino Recoleto Toñin nos lanzó, el día de nuestra boda, una oferta imposible de rechazar: El Papa tenía que conocer y bendecir nuestra historia de amor. Así que el Motrileño y la Granaína se montaban en un avión con destino directo al Vaticano.

Millones de veces ensayé lo que tenía que decir: “Su Santidad…nos encantaría que bendijera nuestro matrimonio”. ¡Vamos, lo normal! Lo que hicieron todas las parejas allí presentes. Pero… ¿Qué hice yo? Saltarme todo protocolo, tuteándolo como “Francisco”, abrazándolo con todas mis fuerzas y pidiéndole que nos bendijera un montón de crucecitas de madera que llevábamos. Tengo que decir que fue lo mejor que hice, porque me lleve el más tierno de los abrazos y nos dio la bendición más hermosa del mundo. Javier y yo jamás podremos olvidar ese momentazo. Desde aquí agradecer a los Agustinos José Ramón y Javier Tello, quienes formaron también parte de este sueño hecho realidad. ¡Muchas Gracias!

Recuerdo que nos decíamos de forma simpática: “Si nuestro matrimonio ya estaba bendecido por un sin fin de Agustinos…ahora ya…¡Ni te cuento! ¡Este Matrimonio es invencible!

Todos los días le presentamos a Dios cada momento compartido, para que lo bendiga, lo cuide y lo mime. Sabemos que así lo hace, porque cuando nos miramos sencillamente sonreímos.

El día que dijimos “SI”…”¡Fue el mejor día de nuestras vidas!”

Isabel García

#UnaPalabraAmiga

Suscríbete a nuestra

Newsletter