Las Monjas Agustinas Recoletas de Puebla celebraron el 6 de agosto del presente año, los 75 años de su actual monasterio encomendado a nuestra madre Santa Mónica. La comunidad está formada por 25 hermanas profesas, 2 novicias y 3 postulantes.

Francisco Javier Acero Pérez, Vicario de México-Costa Rica, presidió la Celebración Eucarística, en donde se dirigió a las hermanas y les invitó a vivir desde tres actitudes: descubrir, unidad, y comunión: “Descubramos como estamos cada uno de nosotros y demos gracias a Dios por lo que somos y hacemos en este convento, que esta acción de gracias sirva para descubrir nuestras raíces; nos reúne la Recolección. El carisma agustino recoleto se vive en la comunidad: como misioneras y discípulas de Jesús. El mundo necesita de su oración y de su espíritu soñador.”

En sus palabras, Acero insistió en la unidad: “Llevan 75 años unidas en este convento, no solo en el culto comunitario sino también en las relaciones fraternas teniendo un corazón abierto que se relaciona con el otro. Durante estos años en este convento se han tejido relaciones humanas que vienen de la relación con Dios. Aquí existe la unidad en cada religiosa, en la comunidad: lo que dice s. Agustín “un solo corazón y una sola alma dirigidos hacia Dios”. Han demostrado como hay unidad en los trabajos a lo largo de los años y esto se debe gracias a que han abierto el corazón a Dios, escuchan los sentimientos de la otra hermana de comunidad, asemjándose a lo que Cristo hace: escuchar, fomentar la unidad.”

Finalmente, encauzó su homilía a la comunión: “Nuestras comunidades necesitan el Pan vivo bajado del cielo, que nos invita a la comunión. El Papa ha hecho una invitación a las religiosas contemplativas a vivir en comunión a través de un documento “Cor Orans”. Nuestra consagración religiosa se vive en comunidad. Por eso debemos facilitar el encuentro con toda la familia Agustino Recoleta, desde la oración, tenemos que buscar ayudarnos, crear espacios de comunión que fomenten el dialogo con Dios y el encuentro con las hermanas.”

La celebración se convirtió en una invitación a unir la comunión con caridad fraterna, con ilusión, a soñar con una gran familia, imitando el sueño de Madre Mariana de S. José, y la valentía de Madre Guadalupe Badillo: “Ser corazones orantes. Vivir desde la comunión: mostrar al mundo nuestro carisma desde la contemplación en donde todos somos hermanos, siguiendo a San Agustín.”

Durante las preces se invitó a cada una de las hermanas profesas a que hicieran una petición en ese día de fiesta. Se recordaron a todas las hermanas que fallecieron en esta comunidad, y se agradeció la generosidad de los bienhechores del convento. Posteriormente se llevó a cabo un convivio fraterno, estando presentes algunos bienechores y amigos de la comunidad, quienes compartieron la alegría que tienen las religiosas al cumplir 75 años habitando el Monasterio de Santa Mónica.