La causa de canonización de Mons. Alfonso Gallegos comenzó en noviembre de 2006 y a lo largo de estos años han sido varios los pasos que se han dado en el camino a los altares del “obispo del barrio”. Durante estos años se ha tomado declaración a más de 130 personas que trataron con “Father Al” y el 17 de marzo de 2016 la Comisión de los Teólogos de la Congregación de los Santos aprobó la practica heroica de las virtudes cristianas por Mons. Gallegos.

Los Obispos y Cardenales confirmaron lo mismo con sus votos favorables el 5 de julio de 2016, y el 8 de julio de 2016 el Papa Francisco autorizó la misma Congregación de promulgar el decreto de sus virtudes heroicas, concediéndole el titulo de Venerable.

Mons. Alfonso Gallegos

Alfonso Gallegos nació en Alburquerque, Nuevo México, el 20 de febrero de 1931. Sus antepasados llegaron de Galicia, España, y se establecieron al sur de los Estados Unidos cuando esas tierras todavía pertenecían a México. Su padre José Ángel Gallegos era carpintero, y su madre, Casiana Apodaca, una ama de casa dedicada al cuidado de sus 11 hijos. Tuvo un hermano gemelo llamado Eloy. Alfonso nació con una gravísima miopía que le mantuvo siempre al borde de la ceguera total. Sin embargo, a pesar de este problema tenía una expresiva sonrisa, que llenaba su rostro.

Debido a los efectos producidos por la Gran Depresión y por el deseo de dar a los niños una mejor educación y para la atención médica a la visión de Alfonso, en 1934 la pareja decidió aventurarse a nuevos entornos y oportunidades en California, llevando a sus hijos a Watts, Los Ángeles, que en la década de 1930 se había convertido en el hogar de una creciente comunidad de migrantes mexicanos y mexicano-americanos. Ahí Alfonso asistió al Manual Arts High School y recibió la confirmación del entonces obispo auxiliar Timothy Manning. Desde ese momento Alfonso Gallegos tuvo claro el camino de su vida.

El 2 de septiembre de 1950, Alfonso entró al noviciado de la Orden de Agustinos Recoletos en el Seminario de la Misión de San Agustín, en Kansas City, y recibió el hábito negro de la Orden.

Reflexionando sobre su vocación, Alfonso escribió una nota sobre la razón por la que se unió a los agustinos recoletos: Thus an aspirant to the Religious Life selects an Order, not for its richness, not for its popularity, but for those qualities that will enable him to fulfill his desire …and that is why I became a Recollect Augustinian.
Después de un año de noviciado y un Capítulo de formación, el 10 de agosto de 1951, Alfonso Gallegos recibió 5-0 votos a favor de su primera profesión religiosa de votos. El 2 de septiembre de 1951, pronunció su primera profesión de votos en Kansas City. Alfonso eligió a San José como su protector particular y desde entonces sería llamado Fray Alfonso Gallegos de San José.

El 24 de mayo de 1958, Alfonso fue ordenado sacerdote en Tagaste Monastery Suffern, New York por Mons. James H. Griffiths, obispo auxiliar de Nueva York.
Pasó los primeros años de su vida sacerdotal en las casas de formación de Kansas y Suffern, Nueva York. Desde 1970 a 1979 fue pastor de las parroquias de San Miguel y Cristo Rey en la diócesis de Los Ángeles. En estas parroquias la mayor preocupación de Alfonso fue la educación de los jóvenes y crear alternativas a las peligrosas bandas en las que se agrupaban ellos.

En 1979 fue trasladado a Sacramento donde sirvió como el primer director de la División de Asuntos Hispanos de la Conferencia Católica de California hasta el año de 1981.

En ese mismo año, el 24 de agosto, el Papa Juan Pablo II lo nombró obispo auxiliar de la diócesis católica de Sacramento y obispo titular de Sasabe. La consagración episcopal tuvo lugar el 4 de noviembre de 1981 en la catedral de Sacramento, presidida por Mons. Francis Quinn.

Siendo obispo, estaba siempre en el camino pasando su tiempo para los feligreses latino-americanos. Les visitaba y dormía con ellos en el campo de trabajo, les defendía delante de los legisladores civiles. Durante los fines de semana, pasaba muchas horas de la noche con los jóvenes en los parques, haciéndose amigo de ellos, animándoles de dejar las drogas y actividades criminales, invitándoles a la misa, a volver a la escuela y hacer esfuerzo para construir un mejor futuro. Le hacían caso porque vieron en el un padre que se interesaba de ellos y les escuchaba. Bendecía los coches de los “low riders” y se montaba con ellos. Defendía el derecho de los innatos, participando en las manifestaciones contra el aborto. Todo el mundo tenía un lugar en su agenda: los pobres, enfermos, personas mayores y los presos a pesar de su religión, cultura y color.
Monseñor Alfonso Gallegos murió el 6 de octubre de 1991 en un accidente vehicular mientras volvía a la casa después de haber administrado el sacramento de confirmación a los 70 hispanos catolicos en la parroquia de Gridley, California. Terminó así una vida de servicio y amor a Dios, encontrado en los más sencillos y necesitados, siempre llevando alegría a los demás. Fue enterrado en St. Mary Catholic Cemetery el 10 de octubre.

Su trabajo dejó huellas ejemplares de amor y fama de santidad siempre creciente. El 4 de diciembre de 2005, catorce años después de su muerte, se abrió el proceso diocesano para la causa de canonización de Mons. Alfonso Gallegos. La solemne apertura tuvo lugar en la catedral del Santísimo Sacramento, Sacramento (California), presidida por el Obispo de la diócesis, Mons. William K. Weigand. Después de once meses de escrutinio, dicho proceso fue concluido el 5 de noviembre de 2006 y se presentó a la Congregación de las Causas de los Santos en Vaticano para la preparación de las pruebas de sus virtudes heroicas.

Para que sea accesible a la gente la visita a su tumba y poder pedir su intercesión, el 24 de marzo de 2010, el cuerpo del Obispo Gallegos fue exhumado del cementerio católico de Santa María en Sacramento. El 27 de marzo de 2010, sus restos fueron trasladados al Santuario Nacional de Nuestra Señora de Guadalupe.