Dos cosas se han de considerar en nuestro cuerpo: lo que es hechura de Dios y lo que viene de nuestro castigo. Toda esta forma —la postura, el andar, los miembros con orden, las estructuras de los sentidos, la vista, el oído, el olfato, el gusto, el tacto—, toda esta armonía y distinción orgánica, no puede ser sino obra de Dios, que hizo las cosas del cielo y de la tierra, las más altas y las ínfimas, las visibles e invisibles. Pero la corruptibilidad, fragilidad, mortalidad y miseria de la carne no subsistirá en el premio.

Enarrationes in psalmos 141, 18.