Durante este año 2017, la Provincia de San Ezequiel Moreno de la Orden de Agustinos Recoletos, celebra su 18º aniversario. Fue en el Capítulo General del año 1998 cuando se aprobó el decreto de la creación de esta nueva provincia, que a lo largo de estos años ha suscitado numerosas vocaciones principalmente en Filipinas y en la que se ha venido realizando una gran labor en los apostolados educativo y ministerial en Sierra Leona y Taiwan.

El Prior General ha remitido a todos los frailes que conforman la Provincia de San Ezequiel Moreno una carta en la que muestra su unión a la acción de gracias por este acontecimiento, uniéndose en oración y recordando todas las gracias que se han ido derramando en ella durante estos años.

Una provincia joven y fecunda

La Provincia de San Ezequiel es una provincia joven pero que a lo largo de estos años ha sido un lugar de nuevas vocaciones para la Orden de Agustinos Recoletos, ha supuesto un crecimiento en su labor ministerial y educacional y es un motivo de acción de gracias para la OAR, “para seguir creciendo en la fe y en el amor viviendo con alegría su vocación y misión de agustinos recoletos”.

El Prior General en la carta remitida les anima a que este Año de la Santidad sea ” un revulsivo para estar abiertos a la acción del Espíritu Santo que renueva nuestros corazones y nos impulsa a ser creadores de comunión con nuestra fidelidad en la oración, la caridad y diálogo de la vida fraterna y la pasión por anunciar el Evangelio y acercarnos a los más pobres y necesitados”.

“No caer en la supervivencia”

El Capítulo general para consolidar la Provincia y favorecer su expansión misionera encomendó a la Provincia erigir al menos dos casas en un país de Asia, afianzar la misión de Sierra Leona y les exhorto a sentirse todos corresponsables en la preparación un Proyecto de vida y misión de la Provincia en consonancia con el de la Orden y así preparar entre todos el próximo capítulo provincial.

Miguel Miró, Prior General, les invita a “no caer en la tentación de la supervivencia”, tal y como recordó el Papa Francisco en la pasada Jornada Mundial de la Vida Consagrada: “La actitud de supervivencia nos vuelve reaccionarios, miedosos, nos va encerrando lenta y silenciosamente en nuestras casas y en nuestros esquemas. Nos proyecta hacia atrás, hacia las gestas gloriosas —pero pasadas— que, lejos de despertar la creatividad profética nacida de los sueños de nuestros fundadores, busca atajos para evadir los desafíos que hoy golpean nuestras puertas. La psicología de la supervivencia le roba fuerza a nuestros carismas porque nos lleva a domesticarlos, hacerlos «accesibles a la mano» pero privándolos de aquella fuerza creativa que inauguraron; nos hace querer proteger espacios, edificios o estructuras más que posibilitar nuevos procesos. La tentación de supervivencia nos hace olvidar la gracia, nos convierte en profesionales de lo sagrado pero no padres, madres o hermanos de la esperanza que hemos sido llamados a profetizar. Ese ambiente de supervivencia seca el corazón de nuestros ancianos privándolos de la capacidad de soñar y, de esta manera, esteriliza la profecía que los más jóvenes están llamados a anunciar y realizar”