La Iglesia cuenta con un amplio código de Derecho Canónico cuyo uso, según el agustino recoleto Daniel Medina, se ha reducido a los casos de abusos sexuales y las nulidades matrimoniales como casos mayoritarios

El agustino recoleto Daniel Medina ha sido nombrado recientemente presidente del Tribunal Diocesano de Buenos Aires y Vicario de Justicia de la Arquidiócesis. El cardenal arzobispo de la capital de Argentina eligió a este religioso de la Orden de Agustinos Recoletos por sus destacados conocimientos en Derecho Canónico.

Él mismo, experto en este apartado del derecho, afirma que es una rama extensa, profunda y compleja por todo lo que engloba. No obstante, Medina reconoce que actualmente “la gente tiene dos visiones”. Una de ellas es la relativa a las nulidades matrimoniales.

Y es que el Papa Francisco promulgó hace varios meses un nuevo decreto con nuevas normas. “Han aportado un aspecto positivo que ha despertado el acercamiento de la gente a los tribunales eclesiásticos”, indica.

Todo esto se debe principalmente por la abreviación de los procesos. “Antes tenían doble sentencia obligatoria, ahora solo una”, indica Medina, quien también añade que también se están realizando procesos más ágiles y rápidos. “El proceso breve, que si están de acuerdo las dos partes, el proceso (canónico) de pueda realizar algo más sencillo que el proceso judicial”, dice.

Los abusos sexuales y el Derecho Canónico

Otra aplicación usual del Derecho Canónico es en los casos de abusos sexuales que lamentablemente se han producido en los últimos años. “Ha hecho aparecer el derecho sancionador de la Iglesia que prácticamente no se usaba”, dice Daniel Medina.

En este aspecto, el experto en la materia asegura que “se está dando una respuesta contundente de parte de la Iglesia, incluso habiendo cambiado el derecho”. “La Santa Sede ha cambiado el código y ha establecido protocolos muy exigentes, no solo a nivel general sino a cada orden religiosa, diócesis… todos han sido enviados y revisados por la Congregación para la Doctrina de la Fe”, afirma.

Reconoce que “ha sido un fenómeno grave dentro de la vida de la Iglesia” pero que “la perspectiva ha cambiado”. Indica que “con selección antes del ingreso” y “recurriendo a profesionales” se pueden prevenir estos trastornos.