Las virtudes teologales en San José

San José representa a la perfección las tres virtudes teologales: la fe en la Palabra de Dios; la esperanza ante el peligro y la caridad de acoger a Jesús como hijo.

Cuando afirmamos que somos hijos de Dios, siempre tenemos presentes las virtudes teologales: la vida cristiana, con referencia a Dios, se asienta sobre todo en creer, esperar y amar. En este año dedicado a san José, deseamos destacar esas virtudes en el varón justo y fiel, en esta figura bíblica tan humilde y tan silenciosa. No se habla mucho sobre él, pero lo que se dice es de suma importancia para la vida del creyente.

En la sagrada Escritura leemos que san José era un varón justo. Tal denominación, varón justo, se aplica  a quien está adornado de singulares virtudes, es decir, a una persona santa. Señalamos las tres virtudes teologales que resplandecen en el esposo de María,  la Madre del Redentor.

LA FE

José es hombre de fe. Gracias a la fe, recibió a María en su casa como su esposa; de otro modo, si hubiese sido un hombre sin fe, en verdad no hubiera actuado así, puesto que el fruto del vientre en ella no le pertenecía. Mas José por su fe, acepta las palabras del mensajero de Dios: “José, hijo de David, no tengas reparo en aceptar a María por esposa,  porque la criatura que hay en ella viene del Espíritu Santo. Dará a luz un hijo, y tú le pondrás por nombre Jesús, pues este salvará al pueblo de los pecados. Cuando José se despertó, hizo lo que le había mandado el ángel del Señor”. Por eso, es ciertamente un hombre de fe. Con entera firmeza pensó:  se haga en mí la voluntad de Dios y no la mía.  Todo hombre y toda mujer que cumple la voluntad de Dios es persona de fe, porque obedece la voz de Dios y no la suya; y lo hace con absoluta confianza en el mismo Dios.

LA ESPERANZA

José nos enseña también hoy que es un hombre de esperanza absoluta. Se manifiesta particularmente cuando con María emprende el viaje a Egipto. Antes, con la confianza puesta en Dios, lo había mostrado en los afanes para encontrar un lugar donde podría dar a luz María, su esposa; fue buscando hasta encontrar un lugar donde pudiera nacer el Salvador. Si hubiese sido un hombre sin esperanza, la reacción y comportamiento hubieran sido muy distintos en las sentidas escenas para hallar el lugar deseado. José perseveró hasta encontrar un lugar para la apremiante situación. Todas sus esperanzas han estado siempre puestas en Dios; de ahí, su lección para estos tiempos difíciles. En medio de coyunturas complicadas, tengamos en cuenta que los momentos oscuros y difíciles son pasajeros, y que Dios nunca nos abandona aun cuando a veces sintamos su lejanía.

LA CARIDAD

José es todo amor. Desde el amor, acogió a María, estuvo a su lado; fue a Egipto por amor, atendió así a la familia, desempeñó la tarea de su oficio… Con otras palabras:  hiciste de padre para Jesús con amor, fuiste esposo de la Virgen con amor, con amor trabajaste en tu taller, fuiste hombre bueno y fiel con amor. Podríamos acabar con las palabras del Génesis referidas a la acción creadora de Dios: “Todo lo que hizo lo hizo muy bien, porque fue hecho todo por amor”.

Que este año dedicado al Santo carpintero sea tiempo singular para todos los cristianos, y nos demos cuenta de que la vida no consiste solo en oración, ni acción pastoral, sino en creer, esperar, amar desde el corazón y seguir la voluntad de Dios, a ejemplo de san José. Si oramos y desempeñamos ilusionados cualquier actividad social en la vida, que son solos mediaciones para con Dios, pero sin fe, ni esperanza, ni amor, serían hechos filantrópicos. Efectivamente, llevadas a cabo al margen de Dios, podrían resaltar especialmente lo personal, y quedaría marginada la vida teologal, que ha de ser esencial en todo ser humano. Por su vida en referencia profunda y constante a Dios, José es un hombre justo, cuya vida y misión siempre han secundado la voluntad de Dios Padre.

Wilmer Moyetones OAR